El poder de convocatoria de Morena y la presidenta Sheinbaum en Sinaloa

 

Culiacán, Sinaloa.- La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Culiacán el sábado 28 de febrero de 2026 dejó una demostración contundente de la fortaleza política de Morena en uno de los territorios más complejos del país.

Congregar a más de 30,000 personas en una ciudad históricamente marcada por la violencia del crimen organizado no es un logro menor; es una declaración de que el proyecto político de la Cuarta Transformación mantiene raíces profundas, incluso donde el Estado ha tenido que librar sus batallas más difíciles.

Un factor determinante para que esta movilización masiva transcurriera sin contratiempos fue la coordinación institucional encabezada por el gobernador Rubén Rocha Moya.

La habilitación de más de 20,000 sillas, la instalación de seis puntos estratégicos de hidratación y un operativo de protección civil bien articulado lograron que, ante una afluencia que superó toda expectativa, los reportes de emergencias fueran prácticamente nulos: hasta las 11:30 de la mañana únicamente se registró la atención prehospitalaria de una sola persona.

En un evento de esta magnitud, celebrado bajo el inclemente sol sinaloense y con miles de asistentes realizando caminatas de hasta tres kilómetros, ese resultado habla de una gestión estatal responsable y eficaz que merece reconocimiento.

Lo más revelador no fue simplemente el número, sino la disposición de la ciudadanía. Sheinbaum ha logrado construir un vínculo directo con la población que trasciende las complejidades institucionales locales, siendo percibida como proveedora de soluciones estructurales de largo alcance: la constructora de megahospitales, la garante de subsidios agrícolas multimillonarios y la dispersora de pensiones universales.

Esa conexión emocional e institucional es, precisamente, el capital político más valioso que Morena ha sabido cultivar: no solo gobernar, sino hacer sentir a la gente que el gobierno está de su lado.

En suma, Culiacán no fue solo un acto de gobierno. Fue una prueba de que Morena y su presidenta siguen siendo, en 2026, una fuerza política capaz de movilizar esperanza donde otros solo ven crisis.

Lo ocurrido en Culiacán el 28 de febrero es también una señal inequívoca del músculo organizativo y la cohesión interna que Morena conserva intactos. La capacidad de convocar a decenas de miles de ciudadanos de distintos municipios, estratos sociales y generaciones —bajo el sol, caminando kilómetros, con entusiasmo genuino— no es algo que se improvisa ni se compra: es el resultado de años de construcción territorial, de lazos comunitarios consolidados y de una narrativa de bienestar que sigue resonando con fuerza en la base social del movimiento.

Este poder de convocatoria y de unidad es, sin duda, el termómetro más fiel de lo que está por venir. Si Morena es capaz de llenar de esperanza una plaza tan compleja como Sinaloa, los próximos comicios electorales no harán sino confirmar lo que ya se vislumbra desde hoy: el movimiento llegará a las urnas con viento a favor, una militancia movilizada y un respaldo popular que difícilmente alguna fuerza opositora podrá contrarrestar.