Un teléfono público que vuelve a unir comunidades: llamadas gratis en zonas sin señal

Un ingeniero de Vermont demuestra que la tecnología del pasado puede resolver problemas actuales de conectividad y seguridad

En una época dominada por los teléfonos inteligentes y la conectividad permanente, una iniciativa sencilla y nostálgica está marcando la diferencia en zonas rurales de Vermont, Estados Unidos, donde la señal celular sigue siendo limitada o inexistente. Un teléfono público restaurado se ha convertido en un servicio esencial para la comunidad, ofreciendo llamadas gratuitas en áreas sin cobertura móvil.

Detrás de esta idea está Patrick Schlott, ingeniero eléctrico y apasionado de la tecnología antigua, quien encontró la forma de transformar su afición en una solución práctica para sus vecinos.

Cuando la innovación nace de una necesidad real

Schlott trabaja como ingeniero en una empresa de aviones eléctricos, pero fue al mudarse a una zona rural cuando detectó un problema cotidiano: no había señal telefónica en más de 16 kilómetros a la redonda. Fue entonces cuando decidió que sus conocimientos podían ir más allá del laboratorio y convertirse en un servicio público comunitario.

La idea era clara: restaurar teléfonos públicos antiguos y hacerlos funcionar de manera gratuita. Tras presentar el proyecto a los dueños de la tienda local North Tunbridge, Mike y Lois Gross, obtuvo luz verde para instalar el primer teléfono en el exterior del establecimiento, sin costo alguno para los anfitriones.

Tecnología sencilla, impacto inmediato

Aunque los teléfonos parecen reliquias del pasado, su funcionamiento es sorprendentemente actual. Schlott explica que basta con una conexión a internet, ya que un pequeño equipo convierte la señal digital en una línea analógica, permitiendo que los teléfonos funcionen sin monedas y sin complicaciones.

Los aparatos, que adquiere en mercadillos, subastas o anuncios en línea por precios que van de los 100 a los 500 dólares, son restaurados en su taller casero. El costo mensual del servicio es mínimo: entre 2 y 3 dólares por línea, y menos de 5 dólares por llamadas, gastos que el propio ingeniero asume.

Un servicio que refuerza la seguridad

Además de garantizar las llamadas, Schlott actúa como operador de cada teléfono. Si alguien marca el número cero, la llamada se redirige directamente a su teléfono móvil, brindando asistencia en caso de emergencia. Para proteger su privacidad, utiliza una aplicación que mantiene su número personal oculto.

Con el tiempo, el proyecto creció de forma orgánica. Nuevas instalaciones surgieron a petición de la propia comunidad, como en la Biblioteca Latham en Thetford y en un puesto de información en Randolph, cerca de la Interestatal 89.

Más que llamadas: tranquilidad para las familias

El impacto ha sido tangible. Solo en la Biblioteca Latham se han realizado más de 370 llamadas en cinco meses, principalmente de estudiantes que no cuentan con teléfono móvil y necesitan comunicarse con sus familias después de la escuela.

Para madres como Hannah McClain, clienta habitual de la tienda local, el teléfono representa algo más que un aparato funcional: es una red de seguridad. Saber que sus hijas adolescentes pueden pedir ayuda en caso de emergencia le brinda tranquilidad.

Una lección de innovación con sentido social

Este proyecto demuestra que la innovación no siempre requiere tecnología de punta, sino sensibilidad para detectar necesidades reales. En comunidades donde la conectividad aún es un reto, rescatar soluciones del pasado puede ser una respuesta eficaz y humana.

La iniciativa de Patrick Schlott recuerda que el acceso a la comunicación sigue siendo un derecho fundamental y que, con creatividad y compromiso, es posible reconectar comunidades olvidadas por la señal, pero no por la solidaridad.